Consecuencias del confinamiento en los niños

Consecuencias del confinamiento en los niños

Muchas son las veces que escuchamos la frase de: los niños no se enteran. U otras como: para los niños no es un problema, los niños están felices, no echan de menos nada, para ellos esto es lo mejor, entre otras.

No les vemos, les convertimos en invisibles, o simplemente desconocemos su mundo interior. No sabemos ni tenemos información fiel y contrastada sobre cómo son los procesos internos de los niños y ello nos suele llevar a creencias erróneas como las que acabo de nombrar que lejos de ayudar pueden generar en la infancia una ausencia y carencia del cuidado genuino de sus necesidades. Y lo que es peor, podemos ser negligentes con nuestras conductas hacia ellos pudiendo generar un verdadero perjuicio.

Las necesidades de los niños no se reducen a la alimentación, al cuidado de su vestimenta, a un hogar y a estar con sus padres. ¿Diríamos que las necesidades de un adulto se reducen a únicamente ello? Creo que todos y todas coincidimos en que son bastantes más las cosas que necesitamos para sentirnos bien. ¿Por qué entonces reducimos tanto las que ellos tienen? Sería bueno reflexionar sobre esto individualmente.

Los niños tienen necesidades psicoafectivas que han de ser cuidadas y cubiertas tales como: necesidad de sentirse amado, de sentirse parte del grupo, de pertenencia,  de sentirse especial e importante, de sentir que son suficientes, que sus opiniones son válidas, la necesidad de explorar su entorno ( incluida la naturaleza y el exterior ), etc.

La realidad es que los menores tienen una serie de necesidades importantísimas de cuidar para que su salud no solamente física, sino también emocional se mantengan en equilibrio.

Pero, ¿Cuáles serán las consecuencias del confinamiento para los niños?

Se habla de la importancia de preservar nuestra salud física. Estamos en plena pandemia y esto es un objetivo absolutamente fundamental. Para ello, una de las medidas adoptadas por gran parte de los gobiernos ha sido el aislamiento de la sociedad en sus casas, absolutamente necesario para frenar el contagio. Pero, ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas y emocionales que experimentan y experimentarán nuestros hijos ante todo esto? Esto es importante tenerlo en cuenta ya que, la salud mental también importa.

Según un estudio publicado por la revista médica The Lancet y que podéis encontrar un resumen de sus resultados en mi artículo Consecuencias psicológicas de la cuarentena por coronavirus se observó que la prevalencia de menores con trastorno de estrés postraumático tras una cuarentena era muy alta, considerando a esta población de riesgo.

El estudio realizado por Wen Yan Jiao, Lin Na WangSra, Juan Liu, Shuan Feng Fang, Fu Yong Jiao, Massimo Pettoello-Mantovani y Eli Somekh para la revista científica Journal of pediatrics, tras la finalización de la cuarentena en China ha revelado los siguientes datos y conclusiones:

Los niños, a diferencia de lo que muchos pueden llegar a creer, no son ajenos a lo que está sucediendo, refiere este estudio. Miedo, temor, incertidumbre, aislamiento tanto físico como social, temor a tener que volver a los centros escolares son algunas de las consecuencias detectadas en los menores de China tras el confinamiento.

Se tomó una muestra de 320 niños y adolescentes de 3 a 18 años y sus progenitores y obtuvieron resultados como miedo, falta de concentración, irritabilidad, insomnio, agitación, pesadillas, falta de apetito, malestar físico, ansiedad por separación, letargo, ansiedad, depresión, interacción social deteriorada y sistema inmune debilitado o comprometido.

También se detectó que los niños de edad más joven de entre 3 y 6 años tenía mayor probabilidad de manifestar síntomas como el temor a que los miembros de la familia pudieran contraer el virus y enfermar. Los niños de entre 6 y 18 años presentaban mayores dificultades de atención.

En todos los grupos de edad se detectó falta de atención e irritabilidad como sintomatología más grave.

El miedo y la ansiedad puntuaba más alto en zonas de mayor contagio.

El ejercicio físico, el uso de las tecnologías y la lectura se detectó como factor de prevención en dicho estudio, aliviando considerablemente la angustia en los menores y ayudando a abordar adecuadamente sus preocupaciones.

Las respuestas de estrés ante eventos nuevos, inesperados y cargados de incertidumbre activan respuestas de estrés de lo más primitivas, como se pudo comprobar en este estudio.

El estudio finaliza con la conclusión de que aún se desconoce el verdadero impacto del covid-19 y el confinamiento en los menores, pero los datos aportados nos dan información suficiente sobre lo mínimo que están experimentando los niños en China.

Aquí, en España, ya estamos viendo algunas de las consecuencias que el confinamiento está dejando en los más pequeños. Con el arduo debate sobre si los niños deberían o no salir a la calle encontramos todo tipo de discursos. La realidad es que independientemente de que deban o no salir los niños están siendo víctimas de esta pandemia a nivel psicológico, y eso es objetivo. Están siendo conscientes de los cambios.

Han pasado de estar con sus amigos, abuelos, tíos, primos, en las actividades extraescolares, o simplemente dando un paseo, o jugando en el parque, disfrutando horas contadas de sus padres, a estar en casa 24 horas con sus padres o madres permanentemente, realizando las tareas escolares pero en un espacio familiar, viendo como algunos de sus padres trabajaban desde casa, o algunos de éstos perdiendo el empleo.

Observando el miedo al contagio de algunos miembros de la familia, o perdiendo a seres queridos. Estas son solo algunas de las situaciones a las que han estado expuestos. Sumado a la privación de poder acudir a espacios abiertos en muchísimos casos. Donde incluso algunos permanecen en condiciones muy negativas tanto por el espacio en el que viven, como por la situación a la que tienen que exponerse (violencia intrafamiliar, abusos sexuales, progenitores con problemas de abuso de sustancias…) entre otras condiciones.

Futuros problemas psicológicos 

El discurso de muchos es que los adultos también desarrollarán problemas psicológicos, y esto es realmente así. Los distintos grupos poblacionales tendrán diversas repercusiones en su salud mental, pero lo que diferencia en gran medida el impacto que se darán en niños y adultos es la capacidad de utilizar herramientas efectivas para la gestión emocional. Los menores carecen principalmente de estrategias para la identificación y la gestión de emociones, cosa que los adultos podemos haber desarrollado con la edad y el aprendizaje. Un adulto o un adolescente tiene mayor capacidad para entender lo que está sucediendo, debido a su capacidad de resiliencia y un niño aún no ha tenido el desarrollo suficiente como para poder haber ampliado sus herramientas emocionales. Lo que si es cierto, es que los niños poseen una capacidad de adaptación significativamente mayor que les facilita el pasar de un estado a otro con facilidad. Pero que tengan la capacidad de adaptarse no les exime de padecer el impacto psicológico si no abordamos con ellos todo lo que están experimentando.

Es importante priorizar todo esto, prevenir en la mayor medida posible las consecuencias que puedan llegar a desarrollar, ya que la prevención es el aspecto más importante en este dificil momento.

La forma en la que podemos ver como su mundo emocional se tambalea y que por consiguiente necesitan mayor atención, amor, empatía, comprensión y contención podrían ser los siguientes comportamientos:

  • Problemas de conducta (menores que se muestran más desafiantes)
  • Dificultad para el control de esfínteres. Niños que ya tenían la capacidad de retener el pipí y la caca, pueden volver a tener escapes.
  • Comportamiento retraído.
  • Aislamiento y dificultad para interactuar con el resto de la familia.
  • Falta de ánimo.
  • Mayor labilidad emocional. Llantos frecuentes.
  • Dificultad para el control de impulsos.
  • Miedo a enfermar.
  • Duelos por pérdida de familiares.
  • Miedo a dormir solos
  • Miedo a separarse de sus padres.
  • Miedo a salir de nuevo a la calle.
  • Desmotivación.

 

Por ello es clave contemplar también la salud psíquica de nuestros niños y adolescentes. La salud física es un factor indispensable para poder sobrevivir y salir de esta crisis sanitaria, pero la salud mental por mucha salud física que tengamos, si no la cuidamos, las consecuencias para todos pueden ser incalculables.

Por esto los profesionales de la salud mental nos hemos unido en recomendar que las medidas para que los niños vuelvan a tener contacto con el exterior y puedan salir son fundamentales, siempre y cuando preserven los adultos su salud física.

Para finalizar, me gustaría poder compartir alguno de los testimonios que muchas madres han me han enviado con respecto a cómo perciben a sus hijos e hijas tras este confinamiento.

Quiero dar visibilidad a esas voces anónimas que me han enviado mediante Redes Sociales o el correo electrónico su vivencia.

Gracias, mujeres por compartir de forma tan generosa lo que estáis observando. Es importante para todas conocer distintos prismas.

Yo soy madre de un bebé de 8 meses y en mi caso afortunadamente no percibo consecuencias negativas, pero ¿con qué comparar? Si apenas acaba de empezar a vivir. Soy yo, la que como mujer adulta es consciente de lo que falta y tanto su padre como yo intentamos darle todo el amor del mundo en estos momentos de desarrollo tan importantes para él.

“Mi bebé de 10 meses ha tenido que volver a dormir con nosotros en la cama, era sociable y risueño y ahora se pasa el día llorando y sensible por todo”

“ Más agitados, sensibles, irascibles. El sueño muy descontrolado”.

“Está muchísimo más pegado a mi y ahora poco a poco va comiendo más pero al principio, nada”

“ Tengo dos hijas de nueve y seis años. En el caso de la mayor es la que más está sufriendo a nivel psicológico el confinamiento. Al principio estaba muy activa. Le encantaba ponerse todas las tardes a bailar con el just dance, hablaba por videoconferencia todas las tardes con sus amigas durante hora, madrugada por las mañanas…estaba jugando todo el tiempo con su hermana y apenas discutían, la verdad es que estaba hasta contenta por no ir al colegio.

Según han ido transcurriendo los días cada vez le cuesta más levantarse de la cama e incluso algún día se ha dormido la siesta. Ya no le apetece bailar…no llama a sus amigas apenas. Llora

cada vez que entiende que la regañas aunque sea por una cosa ínfima, llora también sin razón y no me sabe decir porqué no es una niña cariñosa de por si pero ahora me reclama más. Me da más abrazos y besos y quiere volver a dormir conmigo. Se enfada más y discute con su hermana…se agobia con los deberes y se frustra lo que le lleva se nuevo a ponerse a llorar es decir está mucho menos activa y mucho más triste que antes. Intento hablar con ella para que me transmita lo que siente pero le cuesta mucho.

A la pequeña se lo he notado dentro de lo que cabe menos no obstante si que es cierto que me busca todo el rato, tiene alguna rabieta desmesurada y llora por todo y solo se calma cuando la abrazas.

En el caso de las dos ninguna pregunta, no piden explicaciones, se conforman con lo que les Dices. En resumidas cuentas van sobreviviendo día a día y acoplándose a la situación al ritmo que nosotros las ponemos”

“Hace unos días, mientras mi pareja trabajaba, salí a comprar a la farmacia con mi hija de 9 meses y medio. Ambas, aunque sobre todo la niña, llevábamos muchos días sin salir, ya que le cogí miedo cuando hace 2 semanas unos vecinos empezaron a insultarme por la ventana y a gritarme “¡Quédate en casa!”, ese mantra tan maravilloso que comenzó como un edulcorante de este confinamiento, y del cual se han apropiado los policías de balcón para soltar toda su rabia y frustración.

De camino a la farmacia nos encontramos con una vecina. Me sentí rara al no saber cómo saludarla. En otra ocasión la mujer le hubiera acariciado la manita a mi niña, pero esta vez se limitó a saludarla desde una distancia considerable. Mi hija, que llevaba casi dos meses sin relacionarse con nadie que no fuéramos su padre o yo, empezó a chillar y puso una cara de miedo que yo no le había visto jamás. Mi bebé no era así, este miedo que ahora tiene es por culpa del confinamiento, de este encierro que según la gente “no es para tanto”. A lo mejor parece una anécdota absurda, pero para mí significó muchas cosas, y ninguna fue bonita. Siento que me han robado la infancia de mi hija de los 8 meses a los 10 y esto me pone muy triste”

“Mi hijo adolescente está durmiendo mucho, no puede salir, no come, cambia de humor.”

“Vivíamos felices y ajenos a todo lo que podía separarnos el futuro y de repente se paró el mundo, nuestro mundo, mi mundo… Llegó un virus que empezó a enfermar a las personas, hacer que las personas mayores y más vulnerables empezarán a morir y se colapsar a él sistema sanitario…

Nos tocó quedarnos en casa, en mi situación con dos niñas pequeñas una de apenas 4 años y otra de un año cumpliéndolo en pleno confinamiento.

Yo la verdad no llevo mal lo de no salir porque por suerte o por desgracia lo viví con mi hija mayor por nacer con una cardiopatía, pero ¿y mis hijas?

La pequeña dentro de todo no veo que lo lleve mal, ya anda, empieza hablar sigue feliz, sale al balcón para aplaudir y saludar a los vecinos. Pero ¿la mayor? Empezó bien, contenta de estar todo el día con papá y mamá en casa, pero según han ido pasando lo días mi hija se ha ido marchitando como una planta, se le ha ido la alegría y la viveza que transmitía su mirada y sus ojos, se ha ido apagando como una vela poco a poco… Su carácter ha ido cambiando de ser una niña feliz cada día a estar como deprimida. Le va ganando la apatía, las ganas de no querer hacer nada, cada vez tiene más momentos de enfado, ira…donde la veo sufrir mucho y muchas veces no sabemos cómo ayudarla, no quiere que la abraces, no quiere ni hablar por teléfono, ni vídeo llamadas ni con familiares ni sus amigos.

Lo peor de todo es que está comenzando a aislarse de todo, ha aceptado que no puede salir a la calle pero no sabe cómo gestionar todas esas emociones, ahora es cuando yo también empiezo a llevarlo mal porque como madre se me rompe el alma de ver sufrir de esta manera a lo más preciado de mi vida a no saber cómo ayudarla.

Me apodera el miedo de que secuelas le van a quedar de todo esto, si volverá a ser la niña feliz que era.

Confío en que vuelva a tener esa mirada que hablaba, que vuelva a sonreír y a reír a carcajadas, a jugar y sobre todo a ser FELIZ”

“Les notamos bien, algo más pendientes de nuestra atención y con necesidad de sentirse ocupado y formar parte de todo lo que hacemos (trabajo, videoconferencias, llamadas, cocinar, etc…) tratamos de hacerle parte de todo lo que es posible, pero la necesidad de estar ocupado todo el tiempo a veces se le hace cuesta arriba. Tenemos rutinas, pero los tiempos libres a veces no los lleva bien, y si la profe del cole no le envía alguna actividad o ficha, se frustra. Pero del resto, son un ejemplo a seguir de naturalidad y coherencia”.

“ En general la niña está feliz de estar con sus padres, eso lo noto sobre todo al despertar que se pone muy contenta al comprobar que estamos los dos. Pero hay momentos que se pone muy nerviosa o directamente pide parque. Tiene una mochila con los juguetes del parque y se pone la mochila y se va hacia la puerta diciendo “parque, parque”. Por otro lado, lleva regular no ver a mi madre ( su abuela), que es una cuidadora secundaria y pide constantemente hacer videollamadas a la abuela. Cuando hacemos estas videollamadas se pone muy nerviosa. Hace todas las gracias que puede para divertir a mi madre. La verdad, me pregunto como estará interpretando la situación de no ver a la abuela en persona cuando todas las semanas mi madre la cuidaba varias horas”

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